TERTULIA DE LA CALLE SUIPACHA

Copia de foto tertulia Juan

Miguel Ángel Muñoz, José Luis Campos, Francisco Ortiz y Juan Herrezuelo, Almería 1991

Un escritor puede andar dando vueltas alrededor de sus aventuras después de los treinta, después de los cuarenta, después de los cincuenta años, pero los criterios según los que se sopesan y valoran tales aventuras quedan irremediablemente fijados a la edad de veinticinco años”.

F. Scott Fitzgerald

Desde finales de los años ochenta del pasado siglo y hasta mediados de la década siguiente, un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, estuvimos reuniéndonos semanalmente en Almería en torno a una pasión común por el cine, el teatro, la música y sobre todo la literatura. Fue (y en cierto modo sigue siendo) la Tertulia de la Calle Suipacha.

Estamos a comienzos de 1987, en los días en que tenía lugar la huelga contra el entonces ministro socialista de Educación José María Maravall. José Luis Campos Duaso, en su condición de colaborador de la emisora Radio Cadena Española, entrevista a Francisco Ortiz Rodríguez, líder estudiantil. Aficionados ambos a la literatura, y con la incorporación de un compañero de estudios de Ortiz, Juan Fernández Herrezuelo, comienzan -comenzamos- a citarnos los sábados por la tarde, inicialmente en la cafetería Colombia de la capital almeriense.

Pronto, los tres jóvenes decidimos denominar a aquellas reuniones ‘Tertulia de la Calle Suipacha’, a partir del relato “Carta a una señorita en París”, de Julio Cortázar. Un año más tarde, ponemos en marcha el espacio de radio ‘Estación Suipacha‘, emitido con carácter semanal dentro del programa diario La Escalera Mecánica, conducido por el músico Juan Manuel Cidrón en Radio Cadena Española. Al programa de radio se sumarán posteriormente, en calidad de colaboradores fijos, la escritora Ana María Romero Yebra y Miguel Ángel Muñoz. Este último se convierte en el cuarto tertuliano, al que en los meses y años siguientes irán acompañando Ana Fernández Hagen, Isabel María Díaz Díaz, Juan Uceda Carreño, Antonia Moreno Cañete, Carlos Espinar o Jacinto Castillo Milán, entre otros asistentes más o menos asiduos y un número indeterminado de oyentes ocasionales.

A comienzos de la década de los noventa se constituyó la Asociación Cultural Calle Suipacha, que editó un único número de la revista Samovar.

samovar

La Escalera Mecánica

La Escalera Mecánica fue un mítico programa de radio emitido en Almería en los años ochenta, conducido, como se ha dicho, por el músico almeriense Juan Manuel Cidrón. La Escalera Mecánica estaba compuesto por un mosaico de pequeños espacios, siendo uno de ellos, durante 10 meses del año 1988, Estación Suipacha. La preparación de cada uno de aquellos programas proporcionó a quienes participamos en ellos una de las experiencias más valiosas y gratificantes de nuestras vidas. La emisora, se ha escrito en algún sitio, tenía algo de Nautilus precipitadamente abandonado, con sus pasillos enmoquetados, sus puertas herméticas que se cerraban con ciertos procedimientos de escotilla, el juego de cristaleras frente a las que uno pasaba como si estuviera recorriendo los recovecos de un acuario, las grandes estanterías en las que se apretaban cientos de vinilos… Con la excusa de conducir un programa de literatura, Paco y Juan convencieron una tarde de aquel 1988 a un joven Antonio Muñoz Molina para que accediera a ser entrevistado, y de ahí nació uno de los programas más recordados, dedicado a su segunda noevela, El invierno en Lisboa.

Juegos literarios

A los miembros de la ‘Tertulia de la Calle Suipacha’ nos gustó desde el principio someternos a excitantes desafíos literarios, retos o pactos que eran mucho más que meros juegos de creación y que en realidad suponían un pulso con nosotros mismos. Las más de las veces se trataba de que cada uno de nosotros debía escribir un relato a partir de ciertos elementos comunes. El acuerdo podía incluir un mismo título, “La agonía del crepúsculo”, pongamos por caso; una misma frase inicial, por ejemplo ésta: “Todas las despedidas se ocultan en la noche”; y la obligación de que una determinada escena, digamos una rueda de prensa en una cafetería, jugara un papel destacado en la trama: así exactamente nació el primero de muchos, el que por eso mismo hoy tiene un significado especial. Surgieron así, en otros juegos similares, túneles imaginarios para acceder a los sótanos de una librería y dar el verdadero golpe del siglo, y también sueños deshabitados, que fue otro título común junto con la idea de que una carta tenía que jugar un papel importante en la historia, o quadrofenias a cuatro manos. De muchos de aquellos juegos ha quedado un rastro verificable en algún que otro libro o blog.

La Tertulia de la Calle Suipacha nunca fue disuelta formalmente, de tal manera que cualquier encuentro entre dos o más de sus componentes, infrecuentes ya, pues varios de ellos viven en la actualidad en ciudades distintas de España y el extranjero, constituye en sí mismo una nueva sesión del grupo. El 17 de julio de 2012, con motivo de la publicación del poemario Estelas de un funambulista imaginario, de José Luis Campos Duaso, se produjo el reencuentro más numeroso en casi dos décadas.

Presentación Funambulista

Antonia Moreno, Carlos Espinar, Miguel Ángel Muñoz, José Luis Campos, Jacinto Castillo, Juan Herrezuelo y Ana María Romero, con Juan José Simón, Juan Manuel Cidrón, Javier Campos y Miguel Naveros. Almería, 2012